Exploracion Maritime II: 1775-1794


Fragata Nuestra Señora de Aránzazu

Inicialmente, Nuestra Señora de Aránzazu fue un paquebote de 205 toneladas construido en Cavite (Filipinas). Fue botado en 1781 en San Blas (México); pero  en 1788 lo carenaron, le añadieron siete pies en la proa y lo armaron como fragata. Entre 1784 y 1792 realizó más de treinta viajes para transportar provisiones a las misiones y los presidios de California.

“Carte Générale Des Découvertes De l’Admiral de Fonte representant la grande probabilité d’un Passage Au Nord Ouest” (1772). Mapa del legendario estrecho del Almirante Fonte, publicado en la Enciclopedia de Diderot (París, 1779). Autor: Didier Robert de Vaugondy.

En la Expedición de los límites de 1792, la Aránzazu tuvo una misión importante: debía definir la ubicación precisa del legendario estrecho del Almirante Fonte, el estrecho que supuestamente unía el Pacífico y el Atlántico y que tantas y tantas expediciones anteriores habían intentado encontrar. En primer lugar, la fragata Aránzazu partió de Nootka el 13 de junio para reconocer la bahía de Bucareli. A continuación, se dirigió al sur, y exploró todas las entradas, islas y estrechos. Atravesó el estrecho de Hécate y llegó a internarse en el estrecho del Príncipe, aunque este fuera demasiado angosto para un buque tan ancho. La fragata exploró todos los confines, pero no encontró ninguna pista que la llevara al estrecho del Almirante Fonte.

A medida que avanzaba el verano, resultaba más difícil navegar en aquellas aguas y continuar con las labores de exploración por la lluvia, las tormentas y la niebla; así que, dándolo por imposible, la Aránzazu emprendió el camino de vuelta. Regresó a Nootka el 7 de septiembre, tras una travesía de 86 días.

A partir de entonces, la Aránzazu abandonó las exploraciones y se dedicó a tareas más sencillas, entre otras, a llevar suministros a la lista cada vez más larga de misiones franciscanas de Alta California.

Bibliografía

TOVELL, Freeman (2008). At the far reaches of Empire: The life of Juan Francisco de la Bodega y Quadra, UBC Press, Vancouver, Toronto

GARIKANO, Asun (2013). Kaliforniakoak (1533-1848), Pamiela, Pamplona.


Atanasio Echeverria

Los dibujos de Echeverria se pueden ver aquí: https://web.archive.org/web/20070713191109/http:/huntbot.andrew.cmu.edu/HIBD/Departments/Art/Torner.shtml

Además de en la Expedición de los límites de 1792, el artista vasco-mexicano Atanasio Echeverria participó en otra expedición importante: la Real Expedición Botánica aNueva España dirigida por José Mariano Mociño y Martín de Sessé. Aquella fue una de las expediciones más interesantes de la época, por su duración, por el ámbito que abarcó y por todo el material recopilado. En concreto, al botánico Sessé los dibujos de Echeverria le parecieron dignos de elogio. Sus maravillosos dibujos de plantas, aves, mariposas y peces eran excepcionalmente hermosos y precisos. Según escribió Sessé, en un solo día, Echeverría terminó de dibujar cuatro plantas y una mariposa, y la mariposa era tan real que parecía a punto de salir volando de la hoja. Entonces Echeverria no tenía ni dieciocho años. Más adelante, el naturalista Alexander von Humboldt afirmó lo siguiente de los trabajos del artista de origen vasco: «está al nivel de las mejores obras de ese tipo que se han creado en Europa».

Existe un gran género de plantas, de la familia Crassulaceae, que lleva el nombre Echeverria, incluye más de 393 especies y  es originaria de la zona comprendida entre México y el noroeste de Sudamérica. Le debe su nombre al artista botánico Atanasio Echeverria.

Bibliografía

ENGSTRAND, Iris H. W. (2005). «Perception and Perfection: Picturing the Spanish and Mexican Coastal West» in The Western Historical Quarterly, tomo 36, número 1, 4-21. http://www.jstor.org/stable/25443099.

GARIKANO, Asun (2013).“Bi lore euskaldun”, in Erlea 7, Euskaltzaindia, Pamiela, Pamplona.


Expedición de 1779 de Ignacio Arteaga

Los rumores sobre la presencia de ingleses y rusos llevaron al virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa a organizar la siguiente exploración del noroeste del Pacífico. La expedición, comandada por Ignacio de Arteaga, constaba de dos fragatas, Favorita y Princesa –la segunda construida por Francisco de Segurola en San Blas de Nayarit (México)–, navíos más cómodos y rápidos que los utilizados en la expedición anterior, mejor preparados para viajes largos, y bien equipados para hacer frente a los ingleses, si hiciera falta. El comandante Arteaga dirigió a los 98 hombres de la fragata Princesa. Por otro lado, los 107 hombres de la Favorita quedaron al mando del vasco-peruano Juan Francisco de la Bodega y Quadra, que ya había surcado aquellos mares. Otro vasco que también conocía bien los puertos de California, Juan Bautista Aguirre, fue el segundo piloto de la Favorita.

«Esta Carta Reducida contiene la Costa Septentrional de la California desde la Latitud de 59 grad[o]s de 30 minutos norte hasta los 61 grados de la misma especie, descubierta en el año de 1779 por las Fragatas de S[u] M[ajestad] C[atólica] nombradas Princesa y Favorita, mandadas por los Thenientes de Navío D[o]n Ygnacio Arteaga y D[o]n Juan Francisco de la Bodega y Quadra…”

Las dos fragatas zarparon del puerto de San Blas el 11 de febrero de 1779, con provisiones para 15 meses, y con una orden muy clara: navegando lejos de la costa debían llegar a los 70° de latitud norte, tomando posesión de las tierras comprendidas entre los 50° y los 70°. Al final, consiguieron llegar hasta los 61° de latitud norte, y tomaron posesión de las tierras en dos lugares, el Puerto de Santiago y la Ensenada de Regla; además, cartografiaron en detalle la costa norte de California y la Columbia Británica hasta Alaska. En sus mapas abundan los nombres vascos. Por ejemplo, Arteaga puso el nombre de Pamplona a un bajo. En el mapa de la bahía de Bucareli se puede ver el Golfo de Esquibel (Esquibel era el apellido de la madre de Arteaga). En la toponimia dibujada por Bodega y Arteaga, «Carta reducida de la costa septentrional deCalifornia», también se pueden encontrar varios nombres vascos: Punta Ureta, Punta Eguia, etc. Y en el «Plano de la ensenada de Nuestra Señora de la Regla», a los 59°, seincluye una isla llamadaArriaga.

Todas esas especificaciones, además de en los mapas y los planos, también se pueden encontrar en los diarios de los oficiales y de los frailes.  Sin embargo, esos diarios también ofrecen otros datos interesantes como, por ejemplo: datos sobre la flora y la fauna de aquellos mares y tierras, e información sobre las costumbres, la organización social, la lengua y demás de los pueblos que conocieron.

Puerto de Bucareli

Tras una travesía de 81 días, las fragatas Princesa y Favorita llegaron antes de lo previsto a la altura de los montes nevados de Canadá, gracias a lo que Bruno de Heceta había aprendido sobre la costa y el clima en la expedición de 1775. El 3 de mayo echaron el ancla en el puerto de Bucareli (al sureste de Alaska), e hicieron los primeros contactos con los habitantes de la zona. En el diario de Arteaga podemos leer lo siguiente:

«En cuanto hemos echado el ancla, los indios se nos han acercado en dos canoas, pero no han querido amarrarse. Nos han hecho señales con los brazos abiertos, y han gritado todos a la vez, como si estuvieran cantando. Uno de ellos llevaba un ave muerta en las manos, le ha arrancado las plumas y las ha esparcido por el aire, y luego las ha lanzado sobre su cabeza y las de los demás. Hemos interpretado que querían ser nuestros amigos, y les hemos respondido llamándoles y “haciéndoles muchos cariños”,  también les hemos ofrecido algunos obsequios, pero no han querido amarrarse, y cuando les ha parecido se han marchado».

El 13 de mayo oficiaron una misa y, en palabras del propio Arteaga, unos setenta indios, hombres, mujeres y niños que habían llegado en nueve canoas se acercaron a ver la ceremonia. Al parecer, a los indios les extrañó mucho al ver a los hombres que habían llegado en las fragatas rezando arrodillados en el suelo. Juan Bautista Aguirre, el segundo piloto de la Favorita, añade otros pormenores en su diario: antes de regresar al barco hicieron una fiesta en la playa y, al embarcar, lanzaron un cañonazo. El cañonazo era una estrategia para infundir respeto a los indios. No querían que, como había sucedido en la expedición de Heceta en la «Punta de los Mártires», un ataque de los indios los pillara por sorpresa.

“Plano de la insigne entrada y Puerto de Bucarely […] esta entrada fué descubierta en el año de 1775 con la Goleta Sonora mandada por el teniente de Fragata Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra explorado este Puerto en el año de 1779 por los oficiales y pilotos de las dos fragatas de S.M.C. nombrados Princesa y Favorita mandada la primera por el Teniente de Navio Don Ignacio Arteaga y la segunda por el de la misma clase Don Juan Francisco de la Bodega y Quadra.” AGI, MP-MEXICO, 358. © Ministerio de Cultura y Deporte – Gobierno de España.

Mientras el grupo de exploración seguía dedicado a sus tareas, en la fragata Princesa se extendió una epidemia grave que produjo varias muertes. Prepararon un hospital improvisado para cuidar a los enfermos, y gracias a ello se intensificaron el intercambio y los contactos con los nativos. Los indios les llevaban pescado, esteras hechas de corteza o pieles de foca, nutria, ciervo u oso. A cambio, los españoles les ofrecían algo que apreciaban mucho más que los habituales espejitos o cuentas de cristal: según Aguirre, «toda su estimaciónla ponían en el fierro». Utilizaban el hierro, entre otras cosas, para fabricar una especie de puñales que llevaban colgados al cuello. Tal era su adoración por el hierro que lo robaban siempre que podían. Aguirre se queja de los robos constantes de los indios: «Como son tan inclinados al rovo esto los hace mui subtiles en talmaldito exercicio»; así como de su desvergüenza y sus mofas. Con el paso de los días, los indios se fueron acercando cada vez con menos miedo, pensando que las armas de los extranjeros hacían ruido pero no hacían daño. En una de esas, se atrevieron a tirar al suelo la cruz que habían levantado en la orilla los miembros de la expedición para quitarle los clavos. Cuando les pidieron cuentas, uno de los indios dijo que eran los españoles quienes debían marcharse de allí, pues ellos eran los dueños de aquel mar y aquellas tierras.

También vivieron algunos momentos críticos en la bahía de Bucareli. Unos marineros cogieron la chalupa y se acercaron a la orilla a lavar ropa, acompañados de unos soldados, y, cuando llegó la hora de regresar a la fragata, se dieron cuenta de que faltaban dos hombres. Pensaron que los habían secuestrado los indios y, para poder hacer un intercambio, apresaron a uno de ellos. En la trifulca, volcaron algunas canoas de los indios, lanzaron algunos tiros desde la fragata y murieron dos indios. Cuando aparecieron los dos hombres que faltaban, admitieron que habían huido voluntariamente. Arteaga ordenó que les dieran cien azotes a cada uno, por haber puesto en peligro la expedición.

Pero también hubo intercambios más curiosos entre los nativos y los españoles. Un padre ofreció a su hija a cambio de una casaca de tela y dos aros de barril. Era una niña de unos nueve años, y uno de los frailes la cogió bajo su tutela, para inculcarle la doctrina cristiana y bautizarla cuando llegara el momento. Otro día, los hombres de la Favorita se apropiaron de «un Indito de cuatro a cinco años», «sin que ninguno le hubiese hecho fuerza», según Aguirre.Al comienzo, pensaron que vendían a sus hijos por el ansia de conseguir hierro, pero no tardaron en darse cuenta de que los niños que les ofrecían no estaban sanos; eran niños no deseados. El propio Bodega también se apropió de un niño de nueve o diez años, movido por la compasión, según dice, con el propósito de ofrecerla protección y educación en la medida de sus posibilidades. Al niño le puso su mismo nombre: Juan Francisco. Todos aquellos niños murieron en el mar o al llegar a San Blas, salvo el chico de Bodega. En 1783, se marchó a Perú con Bodega, y cuando Bodega regresó a España en 1784, lo acogió un fraile.

La navegación hacia el norte resulta cada vez más difícil

Preveían partir de la bahía de Bucareli a mediados de junio, pero, por culpa de los vientos adversos, tuvieron que retrasar la salida doce días más. Finalmente se hicieron a la mar el 1 de julio, con el presentimiento de haber perdido la mejor época para navegar en el noroeste del Pacífico. En cuanto rodearon el cabo San Bartolomé, se encontraron con vientos que les impedían avanzar. Por momentos, se formaban bancos de niebla tan densos que ocultaban la tierra, y las fragatas se perdían de vista aun estando cerca. Con el cielo cubierto era imposible guiarse por la observación de las estrellas. Aun así, consiguieron avanzar poco a poco, pero más lento de lo esperado.

Para entonces, la situación de la tripulación también era crítica. La segunda semana de julio, el cirujano contó 29 enfermos solo en la fragata Princesa. Aquello llegó en mal momento, pues estaban a punto de adentrarse en aguas desconocidas; los mapas de los franceses y los rusos no coincidían de ahí en adelante. El 15 de julio, comenzaron a aparecer pájaros y kelp, señal de que se acercaban a tierra, y, al día siguiente, alcanzados los 59º, con el viento a favor y el cielo despejado, avistaron la ansiada tierra. En palabras de Arteaga:

«A las ocho de la mañana, hemos vislumbrado cuatro montes, que hasta entonces habían estado cubiertos, todos ellos muy altos, sobre todo el que está situado más al norte, que puede ser uno de los más conocidos por su altura considerable. Tanto estos montes como la extensión de tierra costera que alcanza la vista están cubiertos de nieve; la perspectiva es tan hermosa, sobre todo cuando la iluminan los rayos de sol, que me pregunto si puede existir mayor placer para la vista».

Lo que tenían ante sus ojos era San Elías, el segundo monte más alto de Canadá y Estados Unidos. El 18 de julio avistaron una gran bahía; era la actual bahía del Príncipe Guillermo. Al mismo tiempo, divisaron también la isla de Hinchinbrook. Estando allí, se les acercaron dos hombres, cada uno en una canoa. Arteaga dice que le resultó sorprendente que se hubieran adentrado tanto en el mar, pues se encontraban a unas cinco millas de la orilla. Las dos canoas se dirigieron primero al buque principal, cantando alto y en armonía, sin recelo alguno para con los extranjeros. Para mostrar que se acercaban en son de paz, cogieron una flecha y le arrancaron la punta. Así describe Arteaga a los dos hombres:

«Llevan trajes de cuero con mangas, que los cubren desde los hombros hasta las rodillas; su cabello es negro, largo y liso, y son de estatura media; son hombres corpulentos y fuertes, de piel blanca, aunque uno de ellos llevaba la cara pintada de rojo; su idioma y sus modales son los mismos que los de los nativos del puerto de Bucareli, y nos han parecido pacíficos y amables; llevaban arcos, flechas y lanzas, todos ellos finamente trabajados, y algunas de las puntas de flecha eran de hueso y otras de cobre».

No obstante, lo que más admiraron los hombres de la Princesa y la Favorita fueron las «canoas» de los indios: era la primera vez que veían ese tipo de embarcación tipo kayak. Según relata Arteaga, eran curvados, y estaban cubiertos de cuero cosido con gran maestría. Solo tenían un agujero, similar a la boca de un botijo de barro, en el que cabía un único tripulante. Al percibir la admiración de los extranjeros, uno de los dos hombres les propuso un intercambio: si le dejaban subir a la fragata a uno de ellos, ellos dejarían que uno de los visitantes subiera a su kayak. Así lo hicieron; e intercambiaron los habituales obsequios. Además, los dos hombres les proporcionaron una información valiosa:

«Mediantes señas, nos dieron a entender que había muchos en el Norte, y pensamos que querían decir que había muchas fragatas como las nuestras, y gente vestida como nosotros, y que también había un pan como el que les habíamos ofrecido».

Una vez más, por señas, les dijeron que siguieran en la misma dirección y que encontrarían un paso. Con el presentimiento de que podría ser el paso que aparecía en los mapas de los rusos, las dos fragatas siguieron el camino indicado. Pero no tardaron en darse cuenta de que era muy peligroso, y les costó lo suyo desandar el camino.

Santiago, 61° 17′ N

El 23 de julio echaron el ancla en un lugar de maravillosas vistas. Arteaga reunió a la tripulación y tomaron decisiones importantes. La primera, que se quedarían allí, explorarían la bahía y dibujarían un mapa de la misma; la segunda, que un piloto de cada buque y varios soldados irían a comprobar si había algún otro paso más al norte; y la tercera, que harían una ceremonia de toma de posesión.

La ceremonia se celebró con la habitual solemnidad, y bautizaron el puerto con el nombre de Santiago. Era el puerto más al norte del que se había adueñado España, y en los años siguientes se convertiría en objeto de reivindicación de la soberanía española.

«Plano del Puerto de Santiago.” AGI, MP-MEXICO, 357. © Ministerio de Cultura y Deporte – Gobierno de España.

En la bahía del Príncipe Guillermo, además del testimonio de los dos hombres que se habían acercado en kayak, otros indicios les hicieron sospechar que no eran los únicos europeos en aquellas tierras. Los hombres que habían ido en busca de un paso más al norte encontraron a algunos nativos con tres banderas, una roja, otra azul y otra blanca, pero no lograron saber cómo las habían conseguido. Por otro lado, Bodega, al describir la vestimenta de los hombres de la zona, señala que llevaban collares hechos con grandes cuentas de cristal. Pero tampoco consiguieron saber quién se las había regalado; los hombres solo les dijeron que en aquellas aguas habían encontrado navíos más grandes que la Favorita y la Princesa.

Aunque para entonces gran parte de la tripulación padecía escorbuto, Arteaga y Bodega decidieron seguir hacia el norte, para intentar llegar a los 70° según les habían encargado. Las dos fragatas abandonaron el puerto de Santiago el 29 de julio.

Nuestra Señora de Regla, 59° 08′ N

El viaje hasta el siguiente fondeadero resultó complicado para los dos buques. Les cayeron lluvias torrenciales, los vientos se tornaron en huracanes y las tormentas los acompañaron durante días. Como pudieron ver cuando se empezó a despejar la niebla, estaban cerca de la costa, rodeados de islas y grandes peñas y, por miedo a chocar contra alguna de ellas, no se atrevieron a avanzar. Finalmente, el 1 de agosto, avistaron la tierra al noroeste. Tras hacer las mediciones, 59° 08′ N, decidieron tomar posesión del lugar. Lo bautizaron con el nombre de Nuestra Señora de Regla (actualmente, isla Elizabeth). Una vez en tierra, encontraron vacías las cabañas de los nativos, y el hombre que pasó montado en kayak no quiso acercarse a ellos.

“Plano de la Ensenada de Nuestra Señora de Regla.” AGI, MP-MEXICO,356. © Ministerio de Cultura y Deporte – Gobierno de España.

A medianoche del 6 de agosto regresaron las lluvias torrenciales y los vientos huracanados. Y, el 8 de agosto, cuando se encontraban en un archipiélago, el comandante ordenó tomar rumbo al sur. Arteaga resume así el porqué de esa decisión:

«Teniendo en cuenta el tiempo y las fuertes lluvias que no cesan, las constantes nubes de tormenta, que estamos encerrados en un archipiélago, que he explorado toda la costa de California desde San Blas hasta la latitud 57° 30′ […] con el objetivo de llegar a los 70° sin encontrar el paso del norte, que una gran parte de la tripulación está enferma y que el número de enfermos crece día a día por la lluvia incesante y el frío extremo, he decidido dirigirme al cabo Mendocino».

Arteaga tomó la decisión en solitario, sin consultar con los otros oficiales. Seguramente por el motivo que cita en el informe que redactó para el Ministro de Indias José de Gálvez:

«Estaba paralizado… por el terrible frío y las fuertes tormentas que nos azotaban, y pasaban los días pero no había manera de hacer nada. Gracias a Dios, fui capaz de llegar a este puerto de San Blas».

Desenlace de la expedición

Las fragatas llegaron al puerto de San Blas con cuatro días de diferencia, una el 21 de noviembre y la otra el 25, tras una travesía de más de nueve meses. El virrey Bucareli había fallecido en abril y su sucesor, Martín de Mayorga, felicitó a los jefes de la expedición. Como se solía hacer en esas ocasiones, se solicitó una promoción para todos los oficiales que habían participado en la expedición, salvo para Arteaga. Y es que Arteaga deseaba otro tipo de premio. Se había casado sin permiso y quería que su mujer y sus hijos percibieran una pensión cuando él falleciera. Bodega pasó de ser teniente a capitán de fragata, y le prometieron una pensión para su familia.

Sin embargo, el balance de la expedición no fue el esperado. Nunca antes se había preparado un viaje con tanto esmero. Los navíos eran excelentes, los marinos muy diestros, había víveres de sobra y el dichoso escorbuto no causó tantas bajas como en otros viajes…; pero la expedición había dedicado demasiado tiempo a la exploración de la bahía de Bucareli y había desperdiciado los días de verano que hubieran necesitado para llegar a los 70°. Además, no habían prestado suficiente atención a las señales que anunciaban la presencia de otros europeos, a las banderas de colores y a las cuentas de cristal. No se percataron de que los barcos del capitán James Cook habían llegado hasta allí, y regresaron sin haber localizado de los asentamientos de los rusos.

Como la expedición afirmó no haber encontrado extranjeros en la zona, en España se reforzó la sensación de seguridad. Por ello, y porque se le dio prioridad a la guerra contra Inglaterra, durante los siguientes años no se organizó ninguna otra expedición para explorar el noroeste. La Princesa y la Favorita se dedicaron a transportar provisiones para las misiones y los presidios, a las órdenes de Agustín de Echeverría y de Juan Bautista Aguirre. Bodega fue enviado a Cádiz. Heceta y Arteaga se quedaron en San Blas. Mientras tanto, por toda Europa se fue extendiendo la noticia de que el noroeste albergaba increíbles riquezas. Abandonando por una vez el habitual secretismo español, se publicaron y difundieron los datos y los mapas que habían elaborado Arteaga y Bodega en 1779. La noticia de las pieles que había conseguido el capitán Cook también tuvo gran repercusión, y animó a muchos barcos mercantes a partir rumbo a Alaska.

Documentos

Ignacio de Arteaga: “Diario navegación de la fragata Nuestra Señora del Rosario,” AGI, ESTADO, 38 A,N.13. 141.

Juan Bautista de Aguirre: «Diario de navegación de Nuestra Señora de los Remedios», AGI, ESTADO, 38 B, N.

«Relacion del viage que en el año de 1779 hizo el teniente de Navio Ignacio de Arteaga a las costas septentrionales de California formada por D. Franco. Antonio Maurelle.» Online Archive of California.

ARCHER, Christon I. (1994). «Los viajes de Juan Francisco de la Bodega y Quadra, 1775 y 1779», in Coloquio Internacional sobre Bodega y Quadra, Lima.

ARTEAGA y BAZÁN, Ignacio; CAAMAÑO MORALEJA, Jacinto (1975). Colección de diarios y relaciones para la historia de los viajes y descubrimientos, 7. CSIC-Dpto.de Publicaciones.

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Expedición De 1791 De Francisco De Eliza

Arct [CC BY-SA 3.0 (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)]

Nootka es una bahía al oeste de la isla de Vancouver que hoy en día pertenece a la Columbia Británica (Canadá). La fragata Santiago de Juan Pérez fue el primer barco europeo que echó anclas en Nootka, en 1774, pero los españoles no bajaron a tierra, ni se adueñaron formalmente del territorio. Cuando la visitó el capitán Cook en 1778, los nativos le mostraron dos cucharas de plata, que seguramente habrían recibido o robado a los españoles. Los españoles hicieron la ceremonia formal de toma de posesión en 1789. Y aquel año comenzó la que se ha conocido como crisis de Nootka, cuando el comandante español de Nootka, Esteban Martínez, confiscó varios barcos mercantes británicos. Estaban en juego los derechos sobre todo el noroeste del Pacífico y los intereses comerciales de la compraventa de pieles. España se consideraba dueña y señora del Pacífico, por los derechos que le correspondían por haber sido la primera en llegar allí y por haber realizado las ceremonias de toma de posesión según era costumbre en la época. Sin embargo, los británicos consideraban que todas las naciones tenían derecho a navegar por allí y que, si el territorio no había sido ocupado, no se podía reclamar su posesión.

En aquel contexto, en 1789, Juan Francisco de la Bodega y Quadra, el comandante vasco-peruano del departamento marítimo de San Blas de Nayarit (México), siguiendo las órdenes del virrey Revilla Gigedo, comenzó a organizar una expedición para recuperar Nootka. Francisco de Eliza comandó aquella expedición con el objetivo principal de establecer un asentamiento permanente en Nootka. Además, el grupo de Eliza debía recopilar datos sobre la fauna y la flora del lugar, realizar experimentos meteorológicos, tomar muestras de los minerales e intercambiar las láminas de cobre de México por pieles de foca o nutria.

Francisco de Eliza en Nootka

Fortaleza de San Miguel en Nootka. Autor: Sigismund Bacstrum, 1793. Canadian Military History Gateway.

Los tres barcos de la expedición, Concepción, San Carlos y Princesa Real, llegaron a Nootka el 3 de abril de1790, y no encontraron allí ningún europeo. Se asentaron en una cala resguardada –Puerto de la Santa Cruz de Nuca, para los ingleses Friendly Cove, y actualmente Yuquot–, construyeron una pequeña fortaleza que bautizaron con el nombre de San Miguel y se dispusieron a preparar el asentamiento: casas y un hospital, rediles para el ganado, huertas, un horno para hacer pan, canales de regadío…  Tanto los marinos como 76 soldados de la Primera Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña se dedicaron a esa tarea. Por otro lado, Eliza dirigió las labores de exploración. En mayo de 1790, envió a Salvador Fidalgo a reconocer los asentamientos de los rusos en Alaska, y a Manuel Quimper a explorar el estrecho de Juan de Fuca, para comprobar si aquella era la legendaria entrada que llevaba al Atlántico.

Callicum y Maquina, 1796. (John Meares: Voyages made in the years 1788 and 1789 from China to the Northwest Coast of America.)

En las instrucciones que había recibido Francisco de Eliza, Bodega subrayaba especialmente la necesidad de reconciliarse con los nativos, pues la relación se había deteriorado a raíz de que los españoles asesinaran al jefe Callicum el año anterior. Pero en la época de Eliza también tuvieron conflictos con los nativos. Una noche, mataron a cinco indios que intentaban robar los aros de hierro de los barriles. En otra ocasión, se armó una gran reyerta cuando los marineros intentaron robar las tablas de las cabañas de los indios para construir sus casas y barracas. Por otro lado, los nativos estaban deseando recuperar el lugar en el que se habían asentado los españoles, pues era el mejor de toda la bahía y les preguntaban sin cesar cuándo pensaban marcharse.

Por un motivo o por otro, el invierno de 1790-1791 fue duro para los miembros de la expedición. Por miedo a los indios enemigos, no se atrevían a ir de caza. Las lluvias habían arruinado las huertas y la falta de alimentos frescos había extendido el escorbuto, por lo que dependían totalmente del pescado que les llevaban los indios. No obstante, la relación con los indios fue mejorando poco a poco gracias a los esfuerzos que hizo Eliza para apaciguar los ánimos. Aquel invierno, cuando se echó a perder la huerta, el jefe Maquinna les llevó carne de ciervo y pescado fresco. A pesar de todo, murieron nueve hombres y, en primavera, Eliza envió a California un barco con 32 enfermos.

«Costa septentrional de California, reconocida por el teniente de navío don Francisco de Eliza, año de 1793.» Archivo Histórico Nacional, ESTADO,MPD.34 © Ministerio de Cultura y Deporte – Gobierno de España

En mayo de 1791, el propio Eliza, comandando el San Carlos, entró en el estrecho de Juan de Fuca y exploró varios lugares. Recogió descripciones detalladas de los lugares y las gentes que encontró allí, igual que hizo en Nootka. El descubrimiento principal del viaje fue el estrecho de Georgia, que Eliza bautizó como «Gran Canal de Nuestra Señora del Rosario la Marinera». De regreso a Nootka, el siguiente invierno no fue tan duro como el anterior y las relaciones con los indios fueron mejorando. En una carta que le escribió al virrey, Eliza relataba que los indios solían ir a comer y a dormir a su casa, no solo de vez en cuando, sino demasiado a menudo; y no solo los jefes, sino cualquier visitante que llegara al puerto, incluso gentes procedentes de otros pueblos.

 El 24 de julio de 1792, cumplida la misión de volver a establecer el asentamiento, Eliza abandonó Nootka y regresó a México. Al año siguiente, dirigió otra expedición que se dedicó a explorar la costa de California.

Citations

GARIKANO, Asun (2013). Kaliforniakoak (1533-1848), Pamiela, Pamplona.

TOVELL, Freeman (2008). At the far reaches of Empire: The life of Juan Francisco de la Bodega y Quadra, UBC Press, Vancouver, Toronto.