Misiones Jesuitas

1697-1767: Misiones jesuíticas de Baja California

“La Californie ou Nouvelle Caroline: teatro de los trabajos apostólicos de la Companía de Jesús en la América Septentrional.” Cortesía de la Biblioteca del Congreso.

La colonización de California comenzó con las misiones que establecieron los misioneros jesuitas en Baja California. Los jesuitas padre Matías Goñi, que había llegado con el también navarro almirante Isidro de Atondo, Eusebio Kino y Juan Bautista Copart lo intentaron por primera vez en 1683, en San Bruno, 20 kilómetros al norte de la actual ciudad de Loreto. Cuando se tuvieron que retirar por la aridez de las tierras y los conflictos con los nativos, la conquista material de California quedó en suspenso, pero no la conquista espiritual. Los jesuitas, con un valeroso misionero y explorador a la cabeza, el padre Kino, se propusieron obtener una licencia para regresar lo antes posible.


1699-1817 Mission de San Francisco Javier Viggé Biaundó

San Francisco Javier de Viggé Biaundó. Fotografía: Simón Oscar Mendoza S.

La segunda misión de la cadena de misiones jesuíticas de Baja California tomó el nombre del santo vasco Francisco Javier. La fundó el padre Francisco Piccolo en octubre de 1699, en un punto muy inaccesible de la sierra de La Giganta, junto al arroyo Viggé Biaundó. Pero los indios, siguiendo las órdenes de sus curanderos y jefes, no tardaron en destruirlo todo, y Piccolo tuvo que retirarse.

A finales del año siguiente, Juan de Ugarte, recién llegado de México, la volvió a fundar; y el padre Miguel de Barco terminó de construirla en torno a 1758.

Sin embargo, Ugarte no fue el primer vasco en llegar a aquellos parajes. El almirante navarro Isidro de Atondo ya había pasado por allí en diciembre de 1684, con la expedición que atravesó la península de este a oeste y abrió el primer camino hasta el Pacífico. Ellos fueron los primeros europeos en atravesar Baja California.


1705-1721: San Juan Bautista de Malibat-Ligüí

El padre Pedro de Ugarte, hermano de Juan de Ugarte, fundó la misión de San Juan Bautista de Malibat-Ligüí en noviembre de 1705. Los habitantes de la zona eran indios monqui, pero luego la misión se repobló con indios cochimí. Los monquis la conocían como Ligüí y los cochimíes como Malibat.

Cruz que señala la ubicación de la misión de San Juan Bautista de Malibat-Ligüí. Fotografía: Simón Oscar Mendoza S.

Construyeron la primera iglesia de la misión con ramas y, más adelante, con la ayuda de los indios, Ugarte alzó una capilla de adobe. El religioso tenía dos ayudantes, dos chicos. Les hizo algunas ropas para que no anduvieran desnudos, pero en cuanto salían de la capilla se las quitaban para evitar las burlas de los suyos.

Pedro de Ugarte dedicó cinco años a la construcción de la misión. Quería seguir el camino de su hermano, que había establecido con éxito la misión de San Francisco Javier, haciendo trabajar a los nativos y cultivando las tierras, sin dejar de enseñar la doctrina. Sin embargo, los indios se mostraron reacios a sus palabras, y tuvo que recurrir a los niños, engañándolos con juegos para que le ayudaran.


1705-1828: Santa Rosalía de Mulegé

Santa Rosalía de Mulegé. Fotografía: Simón Oscar Mendoza S.

El jesuita Juan Manuel de Basaldúa fundó la misión de Santa Rosalía de Mulegé en 1705, en el lugar que los cochimíes conocían como Mulegé, en la desembocadura de la hermosa bahía de La Concepción. La actual construcción de piedra se terminó en 1770. Se cerró en 1828 y muchos años más tarde, en 1970, se reformó, respetando en el exterior la arquitectura inicial de la iglesia. Mulegé sirvió de base para construir otras dos misiones: San Ignacio de Kadakaamang y La Purísima de Cadegomó.

En aquel territorio, donde había agua no había tierra, y donde había tierra no había agua.  Para solucionar el problema, había que transportar la tierra a donde había agua, con ayuda de los animales de carga.


1720-1748: Nuestra Señora del Pilar de La Paz Airapí

Nuestra Señora del Pilar de La Paz Airapí.

Los jesuitas Juan de Ugarte y Jaime Bravo fundaron la misión de Nuestra Señora de La Paz el 3 de noviembre de 1720, en el lugar que los guaycuras conocían como Airapí, en la actual ciudad de La Paz. Viajaron de Loreto a la Paz en la embarcación que acababa de construir el propio Ugarte: el Triunfo de la Cruz. Era el primer barco construido en California: «una Balandra la mas hermosa, grande, fuerte, y arreglada, que, à juicio de Americanos, y Philipinos, se havia visto en aquellas Costas».

Antes de partir hacia La Paz, Ugarte envió al padre Everardo Helen a Huasinapí, a la sierra de Guadalupe, para que fundara allí la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, tal y como le habían pedido los cochimíes a Ugarte cuando había estado allí el año anterior en busca de troncos.  Sin embargo, los guaycuras de La Paz tenían un mal recuerdo de los españoles, por los enfrentamientos que habían tenido con ellos. De hecho, hasta entonces, todos los esfuerzos de evangelización habían fracasado.


1720-1795: Nuestra Señora de Guadalupe de Huasinapí

La misión de Nuestra Señora de Guadalupe se fundó en 1720, en el lugar que los nativos conocían como Huasinapí, en la actual sierra de Guadalupe. El padre Juan de Ugarte eligió el asentamiento, pues el año anterior había pasado cuatro meses allí sacando troncos para construir el Triunfo de la Cruz.

Vestigios de la misión de Nuestra Señora de Guadalupe. Fotografía: Gilberto Amador Soto.

Los jesuitas de Baja California solo tenían una pequeña embarcación, que se había ido estropeando en los múltiples viajes. Habían intentado arreglar algunos barcos viejos, e incluso mandaron construir uno nuevo al otro lado del golfo; pero todos resultaban costosos y duraban poco. Tras una seria reflexión, Ugarte decidió construir el barco en California. De aquella manera, con un barco robusto, podría explorar los dos lados del golfo y demostrar que se trataba de la península de California, tal y como él creía. Además, podría examinar el sur de la contracosta en busca de un puerto adecuado para el Galeón de Manila.


1728-1840: Misión de San Ignacio de Kadakaamang

La misión de San Ignacio, que durante varios años fue la más grande y la más próspera de California, la fundó Juan Bautista Luyando en 1728, en el lugar que los cochimíes conocían como Kadakaamang, en la actual ciudad de San Ignacio. San Ignacio fue el punto de partida para la expansión de los jesuitas en el centro de la península.

Iglesia de San Ignacio. Fotografía: Simón Oscar Mendoza S.


La iglesia, que todavía sigue en pie, la construyó el dominico Juan Gómez en 1786; y la misión duró hasta 1840.

Luyando financió la misión con una herencia de 10.000 pesos que había recibido de sus padres. Luyando había nacido en Ciudad de México en 1700, en una familia nobilísima, y fue el sucesor del primer fundador de la Compañía de Jesús de México, según el historiador F. J. Clavijero.

Cuando dejó la misión en 1732 por motivos de salud, lo sustituyó el padre Sebastián de Sistiaga. Luyando regresó a México y desempeñó cargos directivos en varios colegios. Más adelante, tras la expulsión de los jesuitas, el franciscano Juan de Medinaveitia se sumó a la lista de administradores vascos de San Ignacio.


1730-1840: San José del Cabo Añuití

El donostiarra José de Echeverría, visitador general de los jesuitas, tenía dos objetivos cuando partió en busca de un emplazamiento adecuado para la doceava misión: cristianizar a los pericúes (edúes en su idioma) y establecer una base adecuada para el Galeón de Manila al sur de la península. Los pericúes tenían fama de guerreros y, como preveía que podían surgir problemas, Echeverría eligió al sevillano Nicolás Tamaral, que ya se había curtido en otras misiones, para administrar la nueva misión.

San José del Cabo en torno a 1765. Dibujo: padre Ignacio Tirsch.

El donostiarra José de Echeverría, visitador general de los jesuitas, tenía dos objetivos cuando partió en busca de un emplazamiento adecuado para la doceava misión: cristianizar a los pericúes (edúes en su idioma) y establecer una base adecuada para el Galeón de Manila al sur de la península. Los pericúes tenían fama de guerreros y, como preveía que podían surgir problemas, Echeverría eligió al sevillano Nicolás Tamaral, que ya se había curtido en otras misiones, para administrar la nueva misión.

Echeverría y Tamaral partieron en marzo de 1730, con un grupo de soldados, en un barco que los llevaría de Loreto a La Paz. Llegaron por tierra hasta el extremo sur de la península y eligieron el borde de un estuario junto a la playa como emplazamiento para la nueva misión. Era el lugar que Sebastián Vizcaíno había denominado San Bernabé, y así lo llamaban los marineros desde el siglo XVI. Los indios fueron acercándose poco a poco; y para el cuarto día, ya eran más de trescientos hombres y mujeres. Empezaron los bautizos. El propio Echeverría bautizó a quince niños. Estaba tan contento en San José que, cuando le informaron de que había llegado la balandra que debía tomar para partir, respondió: “…que marche si quiere; yo no tengo ninguna prisa. Voy a quedarme otro par de meses entre estos ángeles de las Californias.”