Preservando la Cultura Vasca

Clubes, Organizaciones y Festivales

Instituciones étnicas vascas y la creación de una identidad vasca original: una perspectiva histórica

Introducción

Hoy en día, hay alrededor de 200 instituciones étnicas vascas repartidas en veinticinco países. Son lugares clave en los que se reúnen los inmigrantes vascos y sus descendientes para mantener la identidad. Con el paso del tiempo, estas instituciones han adoptado distintas formas y han respondido a diversas necesidades; han tenido que adaptarse a las necesidades cambiantes de la comunidad vasca. Además, han jugado un papel importante en la construcción de una identidad vasco-americana original.

Instituciones étnicas vascas por el mundo.

Como sucedió con muchas comunidades étnicas, el objetivo principal de las instituciones fundadas durante la llegada de los vascos a Estados Unidos era ayudar a los recién llegados. Esta tendencia duró hasta la década de 1950, cuando los vascos dejaron llegar en masa a Estados Unidos.


Sociedades benéficas

EEl Centro Vasco-Americano o Basque American Benevolent Association de Nueva York. Gloria Totoricagüena: The Basques of New York: A cosmopolitan experience.

Estas sociedades ofrecían ayuda en épocas de necesidad y el contexto idóneo para la socialización. En 1854, en San Francisco, se constituyó la Société Française de Bienfaisance Mutuelle para los franceses del entorno, tras la construcción de un hospital francés en 1851. También en San Francisco, los bearneses crearon la Ligue Henri IV en 1895, que ofrecía a sus miembros “ayuda financiera en tiempos de infortunio, tragedia o enfermedad (Estatutos)”.

La primera institución vasca formal durante la época de la inmigración masiva se estableció en Montevideo, Uruguay, con el mismo objetivo inicial, y se denominó Sociedad Protectora de la Inmigración Vascongada Laurak Bat.

Carné de la Société Française de Bienfaisance Mutuelle.

El caso de Estados Unidos es muy interesante porque allí se crearon muy pocas sociedades vascas benéficas. Los resultados de los estudios sobre la inmigración española y francesa sugieren que los vascos participaron en las instituciones fundadas por esas dos comunidades. Las únicas sociedades benéficas creadas por y para los vascos en Estados Unidos se asentaron en Boise, Idaho, en 1908 y en Nueva York en 1905 (los vascos de Nueva York crearon su asociación de asistencia mutua en 1905 y, más adelante, se organizaron formalmente en torno al Centro Vasco-Americano en 1913). Su objetivo principal era ayudar a los miembros en situaciones de emergencia médica, actuar como agentes de seguro, ayudar con la seguridad social y ofrecer prestaciones por defunción o posibilitar las repatriaciones.


Hoteles vascos

Hotel Borderre, Santa Barbara, California. Fuente: Mirta Bide, Argentina. http://www.scbbgd.org/

Aunque los vascos no crearon ninguna organización benéfica en Estados Unidos, nunca les faltaron lugares en los que pedir ayuda. Cabe mencionar la proliferación de pensiones u hoteles vascos en lugares donde llegaron un número significativo de vascos. Allí, los recién llegados encontraban alojamiento, información sobre empleo, ayuda psicológica y acceso a eventos sociales para vascos. En palabras de Echeverria, estos lugares constituían un “hogar lejos del hogar”.

La proliferación de hoteles vascos en Estados Unidos sigue el patrón de asentamiento de los vascos en el país, ya que se establecieron en barrios con una alta concentración de habitantes vascos. Echeverria, que es especialista en el tema, no se equivoca al denominar a estas comunidades “ciudades vascas”. Así que las primeras ciudades vascas del Oeste americano surgieron en Los Ángeles y en San Francisco y, más adelante, en Bakersfield, Stockton y, por último, más allá de California, en Reno (Nevada) o en Boise (Idaho).

Hotel des Alpes, San Francisco. http://www.euskalkazeta.com

La primera ciudad vasca de California se constituyó en Los Ángeles, en torno a las calles Alameda y Aliso, en la década de 1880 (y, probablemente, antes). De hecho, hasta la década de 1910, Los Ángeles fue la comunidad vasca más grande de California. De ahí en adelante, la población vasca de Los Ángeles empezó poco a poco a emigrar a los condados vecinos.

Hacia finales del siglo diecinueve, en San Francisco, en la zona comprendida entre las calles Broadway y Pacific, había cuatro hoteles regentados por vascos: el Hotel de France, el Hotel des Alpes, el Hotel de Basses Pyrénées y el Hotel Europa. Hasta la década de 1960, los hoteles vascos siguieron reproduciéndose, y llegó a haber seis hoteles regentados por vascos en torno a la calle Broadway; lo que da a entender que los inmigrantes vascos seguían llegando.

En Bakersfield, a mediados de la década de 1930, había tres hoteles vascos en la ciudad vasca al este de Bakersfield: el Hotel Noriega, el Pyrenees y el Hotel Metropole.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la inmigración se redujo y con ella también la necesidad de una organización que ayudara a los inmigrantes. Con el tiempo, gran parte de las sociedades se disolvieron por la falta de miembros y de interés entre los vascos residentes, ya que la mayoría de ellos estaban asegurados en sus trabajos. De la década de 1950 en adelante, el negocio hotelero entró en declive, y los hoteles que no cerraron se centraron principalmente en sus restaurantes, donde recibían una clientela mayoritariamente no vasca.


La aparición de los centros vascos

A medida que la inmigración se redujo y la última ola de inmigrantes se fue adaptando al nuevo país, los vascos dejaron de necesitar un alojamiento provisional o información sobre empleo, pero reclamaban un lugar donde socializar. Y, en concreto, las primeras y segundas generaciones nacidas en EE. UU. necesitaban un lugar para aprender en qué consistía ser vasco. Así fue como una red de organizaciones informales dio lugar a los centros vascos.

Pegatina “Basque power”

Al mismo tiempo, se estaba produciendo el fenómeno de Raíces en Estados Unidos, que despertó el orgullo étnico en los vascos-americanos, así como en otros grupos étnicos. Gradualmente, los vascos fueron tomando conciencia de su pertenencia al grupo vasco-americano, y ahí comenzó el proceso de invención de una identidad vasco-americana (Douglass, William A. “Inventing an ethnic identity,” en Global Vasconia). Antes de aquello, en palabras de Douglass, “la etnicidad vasca era más un hecho cotidiano, una realidad vivida, que un proyecto”. Sin embargo, a partir de la década de 1960, “mantener la identidad étnica pasó a ser una operación de rescate, algo que se tenía que resolver, un proyecto más que una realidad cotidiana”. Eso se tradujo en la creación de instituciones étnicas formales, los centros vascos, y en la institucionalización de festivales vascos por todo el Oeste.


La construcción de una identidad vasco-americana original

Dos recepcionistas de hotel vascos bebiendo ponche picón. Jeronima Echeverria: Home Away from Home: A History of Basque Boardinghouses.

En los centros vascos, se cultiva una identidad vasca original, que incluye elementos del mundo vasco tradicional (la misa en euskera, la música, el mus, los deportes, los bailes) y elementos del mundo vasco moderno (la comida de las pensiones, el pastoreo como parte de la vida vasco-americana y el ponche picón como bebida vasca por excelencia). El picón estaba muy de moda en el País Vasco, concretamente en Iparralde, en la época en que muchos inmigrantes llegaron a Estados Unidos (hasta la década de 1950). Para los vasco-americanos, este aperitivo era la bebida vasca; aunque, hoy en día, el picón ha dejado de ser popular en el País Vasco.

Se puede decir que, en los centros vascos, se refuerza una identidad doble. Las personas implicadas en estos centros no dejan de reafirmar su lealtad a Estados Unidos y su orgullo de ser vascos en Estados Unidos. Muestra de ello es que en todos los eventos vasco-americanos se exhiben tanto la ikurriña como la bandera americana. De hecho, los centros vascos solicitan a menudo a las autoridades americanas que se reconozca la contribución de los vascos a la construcción del Oeste americano.

La mayoría de los centros vascos reforzaron la doble identidad vasca y americana desde el comienzo; pero unos pocos también apelaban a otra identidad, la española o la francesa. No obstante, con el paso del tiempo, los vascos nacidos en EE. UU. y los nacidos en la madre patria han ido dejando de identificarse con la identidad española o francesa. Muestra de este cambio es que los estatutos originales de Boise Euzkaldunak de 1949, que estipulaban que los miembros debían ser vascos o españoles, se enmendaron en 1975 para eliminar la palabra “españoles”. Desde su fundación en 1960, el centro vasco de San Francisco mantuvo una estrecha relación con la colonia francesa. De hecho, en las actividades que organizaba el centro vasco se exhibían la bandera francesa, la ikurriña y la bandera americana. Sin embargo, actualmente solo se pueden ver la bandera americana y la ikurriña.

Ikurriña y bandera americana durante el festival vasco del condado de Kern

Poco a poco, se fueron estableciendo contactos entre las diversas comunidades vascas dispersas por el país, y eso dio lugar a la constitución de la Organización Vascos de América del Norte (NABO). La creación de la NABO dio forma a una identidad vasca general que superaba las barreras regionales de la patria, y los vasco-americanos empezaron a ser cada vez más conscientes de su pertenencia a un grupo. La identidad vasca, tal y como se manifiesta en EE. UU., no concede importancia a las diferencias regionales tradicionales, e incluso intenta adoptar las tradiciones del País Vasco en su conjunto.

Congreso mundial de colectividades vascas, Vitoria-Gasteiz, Araba, 2015.

Se da un paso más en la construcción de esta identidad a medida que se multiplican los contactos entre comunidades vascas de distintos países. Los campeonatos internacionales de mus o de pelota, así como el Congreso Mundial de Colectividades Vascas que el Gobierno Autónomo Vasco organizaba cada cuatro años eran algunos de los eventos en los que los vascos de la diáspora podían construir puentes. La diáspora fue concienciándose cada vez más, y se autodefinió como octava provincia del País Vasco, sumándose a las 7 provincias que constituyen el País Vasco europeo.


Los festivales vascos

Comisión de organización del festival vasco de Sparks, en 1959

El festival que tuvo lugar en Sparks, Nevada, en 1959, fue el primer festival del Oeste americano que exhibió públicamente la identidad vasca y, a raíz de ello, comenzaron a organizarse eventos similares en más y más comunidades vascas. Antes de 1959, varias comunidades organizaban sus propios picnics anuales: Buffalo (Wyoming) desde 1908, Boise (Idaho) desde 1933, Bakersfield (California) desde 1938 y La Puente (California) desde 1946. Pero dichos eventos se organizaban por y para los vascos; no dejaban de ser fiestas privadas. Así que muchos vascos que asistieron al festival de Sparks regresaron a casa con la intención de organizar algo similar en sus comunidades.

Multitud que asiste al festival vasco de Sparks, Nevada, en 1959

De hecho, para la mayoría de los centros vascos, el festival vasco sigue siendo su actividad anual principal. El festival vasco suele incluir el siguiente programa: una misa en euskera, bailes vascos, deportes vascos, una barbacoa, un baile público y exposiciones o actividades que representan las costumbres vasco-americanas, vinculadas al pastoreo. Los centros vascos y su actividad principal, los festivales de verano, permiten a los vascos anunciar su presencia y reclamar su realidad. Y es que, a partir de la década de 1950, los vascos querían ganar visibilidad.


Los centros vascos

La mayoría de las instituciones étnicas vascas actuales de la diáspora se constituyeron después de la década de 1950. En 1907 se creó una asociación en Stockton, que no duró mucho. En 1924, se fundó el centro Zazpiak Bat en San Francisco, pero con el tiempo se desintegró por las divisiones regionales tradicionales. Solo tres instituciones vascas que se crearon antes de la década de 1950 siguen activas hoy en día: los centros de Bakersfield (1944), La Puente (1939) y Nueva York (1913). El resto se constituyeron más tarde.

Los centros vascos presentan características comunes: el deseo de transmitir las tradiciones de la patria a los hijos (por ejemplo, a través de clases de baile), la importancia de mostrar y exhibir la cultura vasca a un público más amplio a través de los festivales, y el desarrollo de actividades recreativas durante las cenas y demás celebraciones.

Centro cultural vasco

A diferencia de los hoteles vascos, estas nuevas instituciones no tienen actividad todos los días del año. De los actuales 30 centros vascos del Oeste americano (no se incluyen aquí las instituciones cuyo objetivo principal es formativo), solo tres tienen más de 500 miembros. Cinco de ellos tienen entre 300 y 500 miembros; otros 13 tienen entre 100 y 300 miembros, y nueve tienen entre 50 y 100 miembros. Ocho de ellos tienen su propia sede: en California, Chino desde 1987, Bakersfield desde 1974 y San Francisco desde 1982; en Idaho, Gooding desde 2002, Boise desde 1949 y Homedale desde 2006; en Nevada, Elko desde 1977; y, en Oregón, Ontario desde 2007. Algunos centros organizan actividades para miembros durante todo el año, mientras que otros solo organizan un picnic anual, un campeonato de mus y alguna que otra fiesta durante el año. Y no todos los centros están en la misma situación: algunos están en crisis, otros se están renovando y otros están creciendo.

La identificación étnica vasca es cada vez más voluntaria y una cuestión de elección personal. A nivel local, el baile es la actividad que más atrae a los hijos vasco-americanos. Pero no a todos los jóvenes vascos les interesan el baile, la pelota o el mus, y las propuestas de los centros vascos tienen que competir con las múltiples actividades extraescolares de los jóvenes. Conscientes de este reto, varias instituciones han hecho una reflexión y ofrecen a los jóvenes diversas actividades no tradicionales como punto de encuentro para entablar amistades, inculcarles un sentido de comunidad y, finalmente, implicarlos en la vida del centro.


Instituciones étnicas vascas formales en California

Zazpiak Bat Club, San Francisco, California, fundado en 1924, actualmente inactivo.

Kern County Basque Club, Bakersfield, California, fundado en 1944. http://kcbasqueclub.com/

Southern California Basque Club, Chino, California, fundado en 1946, anteriormente Southern California Euskaldun Club. http://www.socalbasqueclub.com/

La Puente Handball Court, CA, fundado en 1947.

San Francisco Basque Club of California, fundado en 1960. http://www.basqueclub.com/

Menlo Park Zazpiak Bat Club, California, fundado en 1964, actualmente inactivo.

Los Banos Basque Club, California, fundado en 1964. http://www.nabasque.org/old_nabo/Members/Los_Banos.htm

Chino Basque Club, California, fundado en 1967. http://www.chinobasqueclub.com/

Fresno Basque Club, California, fundado en 1978. http://www.nabasque.org/old_nabo/Members/Fresno.htm

Susanville Basque Club, California, fundado en 1975.

San Francisco Basque Cultural Center, fundado en 1979. http://www.sfbcc.us/

Los Angeles Oberena, California, fundado en la década de 1980.

Basque Educational Organization, San Francisco, fundado en 1984.

Marin Sonoma, California, fundado en 1989.

Anaitasuna, San Francisco, fundado en 1991.

Ventura Basque Club, Itxaso Alde, California, fundado en 1993.

Iparreko Ibarra, Rocklin, California, fundado en 2005.

La Organización Vascos de América del Norte (NABO)

El emblema de la Organización Vascos de América del Norte (NABO).

Tras la creación de los centros vascos en el Oeste y la institucionalización de sus festivales, a finales de la década de 1960, se estableció una red entre los centros vascos dispersos por el país. A medida que mejoraron los medios y la velocidad de comunicación, se percibió la necesidad de unir esfuerzos, y eso llevó a la constitución, en 1973, de una organización que reúne a la mayoría de los centros vasco-americanos: la Organización Vascos de América del Norte. El institucionalismo vasco de Estados Unidos daba un paso adelante.

En 1971, Jon Bilbao y William Douglass, del Programa de estudios vascos de la Universidad de Nevada, Reno, estaban investigando para el trabajo “Amerikanuak: Basques in the New World”, y visitaron Argentina, entre otros países.  Allí supieron de la existencia de la FEVA, o Federación de Entidades Vasco Argentinas, que había comenzado su andadura en 1955 y reunía a la mayoría de los centros vascos de Argentina. Bilbao regresó a Reno pensando que sería buena idea crear algo como la FEVA aquí, en Estados Unidos. Douglass, que era el director del Programa de estudios vascos en Reno, aceptó proporcionar a los representantes de varias comunidades vascas un lugar para reunirse y debatir la creación de una federación, y organizó unas reuniones en la biblioteca de la Universidad de Nevada, Reno. Después, el recién creado Centro de estudios vascos de Idaho tomó el relevo a la iniciativa del Programa de estudios vascos.

En 1971, la División de formación continua del Departamento de educación del estado de Idaho presentó una propuesta al Fondo nacional para las humanidades de Washington D.C. por la que recibió una subvención de $52.285 para llevar a cabo varios proyectos vascos durante dos años. Para coordinar los proyectos y administrar la subvención federal, se constituyó el Centro de estudios vascos de Idaho (IBSC) en el Sistema estatal de educación superior de Idaho. La Organización Vascos de América del Norte es uno de los proyectos que el IBSC presentó al Fondo Nacional para justificar la subvención.

Folleto del campamento de verano de 1982 en Chino, California

Actualmente, la NABO reúne a más de cuarenta organizaciones vasco-americanas, y sus delegados se reúnen tres veces al año. La NABO conecta a todos los centros, trabaja para preservar la cultura vasca y ayuda a visibilizarla. Asimismo, la NABO patrocina campeonatos de pelota y mus entre centros y, anualmente, organiza el Día de la canción vasca. Cada año, la convención anual de la NABO se celebra en un centro vasco diferente. Por otro lado, la NABO publica un calendario anual que incluye las actividades de todos los centros miembros; y también ofrece a los centros un programa para enseñar el euskera. Aunque, probablemente, la actividad más importante sea el campamento de verano de la NABO, que reúne a adolescentes de distintas zonas de Estados Unidos para que aprendan sobre su herencia vasca.


Un interés creciente por las actividades educativas

En los centros vascos actuales, la faceta educativa es muy importante. A través de las actividades desarrolladas en cada centro (clases de baile y pelota, por ejemplo), los vasco-americanos aprenden qué significa ser vasco.

Las personas que dirigen los centros hoy en día tienen más formación que hace treinta años. Por lo tanto, para ellos, la palabra “educación” adquiere un sentido más académico. A medida que los vasco-americanos han dejado de pertenecer a la generación de inmigrantes y se diluyen en la cultura americana, se subraya la necesidad de enseñar la historia, la cultura y el euskera, a nivel local, en las comunidades vascas y, a nivel colectivo, en la NABO. Por eso, los centros vascos incluyen cada vez más actividades educativas. Muestra de esta tendencia son los programas que se han desarrollado recientemente para enseñar el euskera. Actualmente, varios centros vascos ofrecen clases de euskera para adultos. De hecho, en los últimos años, ha crecido el número de organizaciones educativas vascas.

Basque Educational Organization (BEO)

La Basque Educational Organization (BEO), en el área de la Bahía de San Francisco, promueve programas educativos como, por ejemplo, ciclos de películas vascas, conferencias y un concurso de redacción. Asimismo, ha apoyado la publicación de un libro sobre los vascos de San Francisco (Gardeners of Identity) y colabora con el programa de entrevistas Memoria Bizia, que recopila testimonios de miembros mayores de la comunidad.

El objetivo del Museo y centro cultural vasco de Boise, creado en 1990, es “perpetuar, conservar y divulgar la historia y la cultura vascas a través de la educación, la investigación, colecciones y actividades sociales para las generaciones presentes y futuras”. El museo vasco muestra documentos de la vida de los vascos en el País Vasco y en Estados Unidos, así como diversas colecciones como un archivo de historia oral. También ofrece clases de euskera, materiales para las bibliotecas escolares y una guardería vasca, que incluye un programa de inmersión total en el euskera.

La Fundación Cenarrusa para la cultura vasca se creó para “preservar, educar y conectar a la comunidad vasca y al resto del mundo a través de la investigación, proyectos y oportunidades educativas para todos.” El centro consiguió establecer un programa de estudios vascos en la Universidad estatal de Boise, que ofrece cursos interdisciplinares sobre el euskera, la cultura y la historia, así como una asignatura secundaria de estudios vascos.

El Centro de estudios vascos (CBS) de la Universidad de Nevada, Reno, se fundó en 1967. Su misión es impulsar los estudios vascos dirigiendo y divulgando investigaciones sobre temas relacionados con los vascos. Imparte clases a nivel de grado y de posgrado sobre el euskera y la historia vasca, y ofrece una asignatura secundaria de estudios vascos y un doctorado tutorial. [website]

Al mismo tiempo, en los últimos años se han creado otro tipo de programas vascos por el mundo, patrocinados por el Instituto Etxepare. La misión del Instituto Etxepare es promover la lengua y la cultura vasca a través de una red de lectores repartidos en más de 20 universidades de todo el mundo. El instituto es una iniciativa del País Vasco. Los programas implantados en lugares donde ya existe una comunidad vasca pueden recibir y aportar mucho a esa comunidad. Aunque estos programas están principalmente dirigidos a promover la lengua y la cultura vasca entre los no vascos. Por ejemplo, las clases de lengua y cultura vasca que imparte la Universidad de California en Santa Bárbara son uno de los muchos programas de estudios vascos que patrocina el Instituto Etxepare.

Conclusión: ¿qué les depara el futuro a las instituciones étnicas vascas?

Algunos expertos han pronosticado que la desaparición de las instituciones étnicas es inevitable. Breton, por ejemplo, sostiene que todas las instituciones étnicas tienen un ciclo de vida y, al final, desaparecen.

Teniendo en cuenta que cada vez quedan menos miembros de la generación inmigrante, que la afiliación a los centros vascos se ha estancado y que solo una pequeña minoría de autodenominados vascos se afilia a las instituciones étnicas actuales, el futuro de los centros vascos es incierto. ¿Los centros vascos seguirán la estela de las pensiones y serán “algo del pasado” (expresión utilizada por J. Echeverria en su libro sobre las pensiones vascas.)? ¿O impulsarán una nueva evolución en el institucionalismo vasco de Estados Unidos?

No existe una única ni fácil solución para los problemas que presentan las instituciones vascas repartidas por el mundo, pero es fundamental que estas instituciones reconsideren constantemente qué actividades pueden ofrecer para responder a las necesidades de la población.

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