Ezequiel y Juan Murrieta Cabieces

Ezequiel y Juan Murrieta Cabieces, pioneros en el Sur de California

 Óscar Álvarez Gila.

Prof. Titular de Historia de América, Facultad de Letras, Universidad del País Vasco.

Ochenta millas al sur de Los Ángeles en dirección hacia la frontera mexicana, a medio camino entre dicha ciudad y San Diego pero no por el camino habitual de la costa, sino por la ruta interior que cruza el valle de Temecula, el viajero se encuentra con una localidad denominada Murrieta. Murrieta es una comuna joven, como tantas otras de la zona, pues apenas ha cumplido el siglo y medio de vida; y como corresponde a los jóvenes, en las últimas décadas ha experimentado un notable crecimiento demográfico, originado sin duda por la cercanía -y a la vez separación física- de la urbe angelina.

No serán muchos los viajeros que, al cruzar Murrieta, se pregunten por el significado de este nombre. Bastantes sospecharán que su origen pueda ser mexicano, o español. Algunos lo pondrán en relación con un personaje histórico, aunque ya con tintes legendarios, de la época en que California daba los primeros pasos hacia su configuración presente, en la época del cambio del dominio hispano al dominio anglo: el célebre bandido -o romántico bandolero, según se mire- Joaquín Murrieta, que serviría de inspiración para el personaje literario de “El Zorro”. Pero no, la ciudad de Murrieta no honra a Joaquín, sino que recuerda la figura de dos hermanos vascos, originarios de Santurtzi (Bizkaia), que se asentaron en la segunda mitad del siglo XIX en esta zona del sur de California.

Paulo Ezequiel y Juan Remigio Murrieta Cabieces eran, respectivamente, el cuarto y el último de los hijos de la numerosa descendencia (11 hermanos) de Juan María Murrieta y Bibiana Cabieces (o Cavieces, según las fuentes). El padre procedía de una familia originaria de Muskiz que se había asentado en el puerto santurzano a fines del siglo XVIII. Ezequiel fue el primero en probar fortuna en América: nacido en 1829, habría arribado a California hacia 1847, en una época coincidente con el Gold Rush, asentándose como ranchero en San Luis Obispo, inicialmente de ganado vacuno El éxito de sus negocios le llevaría a llamar en 1863 a su hermano Juan, que por entonces contaba con apenas 18 años (había nacido en 1844), con quien se asoció en los diversos negocios de ganadería que estaba desarrollando. Como señalan Curran, Barnett y Farnbach: “Tenían propiedades en San Simeon, San Luis Obispo y Merced. Más adelante vendieron su ganado para comprar ovejas, coincidiendo  con la subida de precio de la lana como consecuencia de la destrucción de los campos de algodón sureños durante la Guerra Civil. La sequía que asoló la California Central en 1874 empujó a Juan y Ezequiel Murrieta a buscar pastos más verdes para sus ovejas, y fue así como dieron con el fértil Valle de Temecula”.i

Realmente la llegada de los Murrieta a Temecula se había gestado un año antes. En 1873 un grupo de inmigrantes hispano de Los Ángeles, entre los que se encontraban los dos hermanos Murrieta, junto con Domingo Pujol y Francisco Sanjurjo, se pusieron de acuerdo para la compra de aproximadamente 52.000 acres de terreno a sus anterior propietario, Jacob Snyder, en la zona del valle de Temecula. La compañía de los cuatro compradores apenas duró tres años, al cabo de los cuales el lote se dividió, correspondiendo 15.000 acres a Ezequiel y Juan en el sector norte de la finca, que incluía en su término unas fuentes termales (los Murrieta Hot Springs, sobre los que se asentaría a comienzos del siglo XX un hotel-balneario, que atrajo el primer gran desarrollo poblacional de la zona). Durante casi una década, esta finca sirvió de base para los rebaños de ovejas que constituían la principal fuente de ingresos de los dos hermanos.

En 1882 Ezequiel se decidiría finalmente por regresar al País Vasco, radicándose en Santurtzi, donde se casaría al poco tiempo, pero dejando a su hermano Juan al cuidado de los bienes comunes y, según parece, con el encargo de liquidar el negocio ganadero que compartían. Ese mismo año Juan estrenaría sus recién adquiridas responsabilidades económicas gestionando la venta de la parte de los terrenos correspondientes a Ezequiel a la California Southern Railroad Company, que proyectaba hacer cruzar una vía férrea por el valle e iniciar una colonización organizada. Ezequiel nunca regresaría a los Estados Unidos, si bien mantuvo una abundante correspondencia con su hermano, hasta su fallecimiento en 1917. El ferrocarril serviría, hasta el cierre de la línea en 1935, para promocionar la instalación de residentes en la zona, y sobre todo para atraer turistas al hotel-balneario.

Al poco tiempo de la primera venta, en 1884, Juan se desharía finalmente de los mil acres que aún quedaban en su propiedad, en la zona que rodeaba su propia casa, a la Temecula Land and Water Company, que se dispuso a repartir el terreno en lotes para dar nacimiento a una nueva población, ligada a la estación de tren, que inicialmente fue llamada Murrietaville, tomando el nombre de su anterior dueño. 1890 se calcula que vivían allí unas 800 personas. El nombre evolucionaría con los años, perdiendo primero el “ville” final, adoptando una grafía con doble “t” (Murietta) hasta que en 1924 recuperaría la ortografía correcta del apellido original.

Juan, a diferencia de su hermano, nunca regresaría a Santurtzi. Tras la venta de sus terrenos, se instaló con su familia en la ciudad de Los Angeles. Poco antes se había casado con Adela Gosh, una joven norteamericana de una familia de inmigrantes de origen austríaco sobre la que circulaba la leyenda de que se hallaban vinculados, de algún modo, al emperador Maximiliano de Habsburgo, al que habrían acompañado en su intento de hacerse con el trono mexicano, y tras cuya derrota habían optado por quedarse en América. El matrimonio tendría tres hijos (John, Henry y Adela).

En Los Angeles, Juan se dedicó inicialmente a invertir las ganancias de la liquidación del rancho ovejero en diversos negocios, de los que daba puntual cuenta a su hermano en su correspondencia, tales como la compra-venta de reses, o la fruticultura (especialmente el cultivo de cítricos, en el que veía grandes perspectivas de futuro debido a la demanda en los estados del este: “es cuestión de tiempo cuando California va a ser uno de los estados más ricos de toda la Unión Americana”, le confesaba a Ezequiel en enero de 1893).

Pero sobre todo fue el negocio inmobiliario en la ciudad de Los Ángeles el que le ofreció más réditos. En diciembre de 1887 describía ante Ezequiel el prometedor panorama de la ciudad: “La vuelta que esto ha tomado es imposible darte una idea; pues lleva una marcha en que si no hay algún contratiempo Los Ángeles muy pronto va a tener 100.000 habitantes. El número de casas en construcción es tal que falta el material y no pueden traer este para abastecer el mercado”. En una de sus cartas llegó, incluso, a hablar a su hermano sobre las excelentes posibilidades urbanísticas que veía en un paraje cercano a la ciudad conocido como Hollywood. Las noticias sobre el avance de la construcción y los beneficios obtenidos de sus inversiones, además de permitirle liquidar la deuda en la que había quedado con su hermano tras su marcha, acabarían siendo uno de los temas más importantes expresados en sus cartas.

Ese mismo año de 1887 se emplea en la oficina del sheriff del condado de Los Ángeles, como primer ayudante y tesorero, donde compaginaría su trabajo público con la gestión de sus negocios durante cuarenta años, hasta su retirada en 1927. Entre estos negocios destaca la importancia de Murrieta como introductor de un cultivo tropical que por aquel entonces todavía era desconocido en California: el aguacate.

Robert W. Hodgson, en su “Historia de la industria del aguacate en California”, reconoce su papel pionero cuando señala que a comienzos de la década de 1890 inició la importación de aguacates desde México, y comenzó la distribución de semillas de la planta entre sus amigos y conocidos, dando lugar a un número de variedades comerciales del aguacate, entre las que se encuentra una nombrada con su apellido, la variedad Murrieta.ii

El deseo del retorno y la añoranza por el regreso también jalonaron la correspondencia de Juan con su hermano. En varias ocasiones señala su deseo de que su esposa Adela “se decidiese a irse a esa o a otra parte de Europa caso que ahí no le gustase”, justificándolo en algunos casos por la educación de los hijos, en otros por la carestía de la vida en California (“Aquí los gastos son terribles, (…) aquí gasta uno mucho dinero sin recompensa de ninguna clase”). Nunca llegó a cumplir su deseo, si así era. Adela fallecería en 1921 y el propio Juan en 1936.

Sus descendientes quedaron en Estados Unidos para perpetuar la presencia de los Murrieta en la patria que Juan había adoptado como suya. Esta presencia fue reconocida por los rectores de la Murrieta Mesa High School, que decidieron adoptar como mascota la imagen de un carnero: aunque las ovejas que Murrieta trajo cuando llegó por primera vez estaban domesticadas, la junta escolar de Murrieta Valley decidió usar el carnero como homenaje al legado de Murrieta y a la historia de la localidad.


iCURRAN, Marvin, Loretta BARNETT y Rebecca FARNBACH; Images of America. Murrieta, San Francisco, Arcadia Publishing, 2006, p. 7.

iiHODGSON, Robert W.; The California Avocado Industry, California Agricultural Extension Service, circular 43; Berkeley, University of California – College of Agriculture, April 1930. Disponible en https://archive.org/details/californiaavocad43hodg

Photo Captions:

City of Murrieta

Murrieta http://www.city-data.com/city/Murrieta-California.html

Murrieta-Hot-Springs resort, 1929.

Murrieta Hot Springs.

Murrieta Depot

Sinadura

Juan Murrieta

Murrietaren gutuna, 1893.

Murrieta Green. http://ucavo.ucr.edu/avocadovarieties/VarietyFrame.html

Juan Murrieta.

Murrieta Mesa High School.